domingo, 15 de julio de 2012

Ya se está haciendo costumbre esto de dejar mis historietas del fin de semana para el domingo. Como siempre, empezaré por el principio. El sábado el día amaneció horrible de lluvia. Manon y yo habíamos quedado en Westminster para montarnos en el London Eye, por lo que era el momento perfecto para hacer mi triquiñuela en el trayecto. Realmente, lo dudé un poco, porque estaba lloviendo mucho y tenía que salir de la estación para llegar a la de Metro y, por mucho paraguas que llevase, Londres era una completa piscina. Lo que al final me ayudó a decantarme es que en mi mismo vagón iba la prima de Tamsyn y se hizo la disimulada para no saludarme (¡sabía que era una falsa!), así que la situación me resultaba un poco incómoda. Cuando llegué a la estación de Metro, resulta que justo esa línea (la azul, Victoria line) iba a estar cerrada todo el día. Así que vuelve a la estación de tren, ponte de nuevo chorreando, espera a que llegue el siguiente y aguanta las colas una vez en Victoria porque todo el mundo que tenía pensado subirse en la línea azul se está acoplando en las otras como puede.

Pero por fin me reencontré con Manon y fuimos a comprar los tickets para subirnos en el London Eye (la noria): 18,80 libracas cada una. Sinceramente, no lo recomendaría. Es simplemente un habitáculo donde van unas 20 personas de pie para acá y para allá viendo las vistas de Londres. Para los más asustones, no se nota nada que se está moviendo; para los menos asustones, eso es un rollazo. Nosotras, además, tuvimos la suerte de que estaba lloviendo y las nubes y la lluvia nos tapaban las vistas. Lo único más chuli es que sólo hay un habitáculo naranja y nos tocó a nosotras.




Después del London Eye, con la entrada, teníamos derecho a entrar a una experiencia 4D; pero no sabemos si es que era muy mala, si es que estábamos en mal sitio, si es que ya hemos visto tantas que ya nada nos sorprende o todo junto. Pero no nos gustó nada. Después, llegó el momento del almuerzo en China Town. En un restaurante buffet que yo había visto con mis padres y que tenía buena pinta, y la verdad es que creo que repetiré cuando me quede sola en septiembre.

Y, después de comer, llegó la segunda decepción del día: el Big Dance (el baile grande). Llevábamos semanas esperándolo. Lo anunciaban como un gran espectáculo, donde más de mil bailarines harían una coreografía conjunta en Trafalgar Square. Empezaba a las tres, pero a las dos y media ya era difícil hacerse hueco. Cuando estábamos viendo los ensayos, queríamos pensar que cada uno estaba ensayando a su bola, pero no. La lluvia hizo que lo pospusieran una hora y aprovechamos para tomar algo calentito en un Starbucks. El baile, al final, resultó ser una música indanzable, con gente de todas edades y sexo haciendo representaciones descoordinadas de deportes y unos pasitos sencillos todos juntos al final. Hubo un momento en el que nos dieron hasta pena, porque nadie aplaudía (incluidas nosotras), pero es que iban así de descoordinados.

 

Justo después, fuimos paseando hasta Primark porque Manon quería comprarse unas zapatillas (milagrosamente yo, a pesar de tener mi tarjeta regalo, me fui de vacío). Como aún era temprano y no nos apetecía volver a casa, nos compramos unas piñas coladas en el M&S y nos fuimos a tomárnoslas en unas mesitas de Hyde Park, desde donde escuchábamos a Bruce Springsteen en directo. Allí conocimos a un grupo de españolas y a unos estonios con los que nos echamos unas risas; pero la lluvia, una vez más, nos aguó la fiesta.

El plan de hoy ha sido bastante diferente: hemos ido a visitar Oxford (el pueblo, en la calle estamos todo el día). Es muy bonito, pero pequeño y muy muy similar. En un par de horas o tres ya lo habíamos visto todo, porque tampoco hemos pagado entrada para entrar en ningún sitio (en su mayoría, universidades), de hecho, hasta nos volvimos un par de horas antes de lo que teníamos previsto. Os dejo fotos para que os hagáis una idea:






Una de las cosas que más nos han gustado ha sido un pub con mucho encanto y con un montón de terracitas que hemos encontrado siguiendo un callejón súper estrecho. Manon se ha pedido una pinta, yo lo que ya se ha convertido en mi bebida londinense; Pimm's.

Y, en general, eso ha sido todo. Mañana os vendré con más anécdotas de niños. Aunque no he visto ningún planning ni he hablado con Tamsyn porque está en casa una amiga de cuando vivían en Bermuda (visita, qué raro); así que no tengo ni idea de lo que me deparará esta semana... ¡Buenas noches!

viernes, 13 de julio de 2012

Hoy me he reventado en el gimnasio. Tamsyn iba a ir con otras madres y niños al play center grande que ya fui una vez con Hugh, así que aproveché la mañana para ponerme un poco en forma (y creo que me he destrozado el estado físico para todo el fin de semana). Mi jornada deportiva ha consistido en 35 minutos haciendo elíptica, cien repeticiones de bíceps con cada brazo (con un kilo, lo reconozco), cien de tríceps con cada uno, cien de pecho y cien abdominales en la banca.

Por la tarde, se suponía que iba a ir a la piscina con los peques pero, como era de esperar, llegaron destrozados a casa (y acompañados de Isobel); así que Tamsyn les puso una peli y, mientras las niñas la veían, yo planchaba y Charlie estaba frito en el sofá. Lleva unos días que se está echando unas siestas kilométricas. Así le pasa lo que le pasa al pobre, que por la noche, cuando lo acostamos, me lo acabo encontrando 15 minutos después bajando las escaleras porque no tiene sueño.

Así que el trabajo de hoy ha sido más bien poquito. La rutina de las mañanas, una horita y media de plancha,  dar la cena a los niños (cuando me siento con ellos, siempre se la acaban) y el baño.

Y sí, yo misma me sorprendo, pero eso es todo por hoy. Mañana el plan es montarnos en el London Eye, comer en un nuevo chino con muy buena pinta y ver el Big Dance en Trafalgar Square. Más de 1.000 personas de 40 grupos diferentes bailando a la vez. Tiene buena pinta, pero la lluvia no va a dar tregua... Así que ya os cuento mañana y os enseño fotitos. ¡Buenas noches!

jueves, 12 de julio de 2012

Hoy es otro de esos días en los que no puedo más con mi pellejo. He estado en el parque con los niños desde las diez de la mañana hasta cerca de las tres de la tarde y, por supuesto, levantada desde las siete.

Cuando llegué al salón, los niños ya se habían tomado un desayuno, así que vacié el lavavajillas y me preparé mi bol de cereales. Cuando Charlie lo vio, se le iluminaron los ojos y dejó de ver la tele. Yo ya sabía exactamente la frase que iba a decirme. "Ana, can I taste your cereals?" (Ana, ¿puedo probar tus cereales?). Le di una cucharada sopera y, antes de que pudiera tomarme la segunda, ya se estaba comiendo otra. Tenía que hacer algunas cosas en la cocina, así que dejé mi bol en la mesa grande y, cuando me di cuenta, se había sentado en una silla para comerse mis cereales. Así que le pregunté si quería un bol para él y ahí que nos los estuvimos comiendo. Ha sido muy gracioso porque cuando ha llegado Tamsyn le ha dicho muy contento "Mummy, look!" (¡Mami mira!), ninguna sabíamos lo que quería que viese, "It's Ana!!" (¿¡Es Ana!!). Y luego coge y le pregunta muy contento: "Mummy, is Ana your friend?" (Mami, ¿Ana es tu amiga?).

El plan para hoy era ir al playground de Herne Hill, pero con una vecina y sus hijos. Yo simplemente la conocía de vista y de saludarnos, pero tampoco estaría mal algo de compañía. Al final ha sido buena idea, ha resultado ser muy amable y me ha preguntado muchas palabras en español. Y los niños (Alexander y Anabel, de 4 y 2 años) se han llevado muy bien conmigo. El único problema ha sido que la pequeña Anabel corría que se las pelaba con su patinete y todos corrían detrás de ella, así que a su madre y a mí también nos ha tocado pegarnos alguna que otra carrera. Este dato cobra mayor relevancia si os digo que, muchas veces, las carreritas eran por el césped (crecido, mojado y movedizo). He llegado a casa con los pies negros y los leggings para tirarlos.

Nada más llegar, Charlie ya ha empezado a jugar a su bola. Nos ha venido genial que Alannah tuviera más niños con los que jugar; a él porque ha ido a su rollo y a mí porque me he ahorrado a una Alannah llorando porque Charlie pasa de ella. Y, quizá porque he ido un día y me está entrando ya el síndrome, me he dado cuenta de que el playground de Herne Hill es como un gimnasio para los padres/adultos acompañantes. Arrastras a los niños por la tirolina, los empujas en los columpios, tiras de ellos al peso en una especie de subeybaja con poleas...

Y, casi se me olvidaba, hoy he ayudado a una niña a encontrar a su mamá. Primero la vi llorando, pero bueno, los míos están llorando todo el día. Pero cuando volví a verla sola, llorando y llamando a su mamá, le pregunté si estaba perdida. Me dijo que sí y la cogí corriendo en brazos para consolarla e ir a buscarla. El problema es que claro, yo no tenía ni idea de cómo era su madre. Por suerte, era negrita, así que en un principio podía descartar a todas las rubias de ojos claros, aunque tampoco podía dejarme llevar por las apariencias. No obstante le pregunté cómo era su madre y si tenía algún hermano y me iba parando en cada esquina para que mirara (creo que todas las mujeres negras se daban cuenta de que las miraba con cara de has perdido a tu hija. O quizá fuera obsesión). Cuando ya estaba empezando a asustarme y a pensar qué podía hacer si no la encontrábamos, la vimos. Y mira tú por donde, era blanca.

La hora del almuerzo fue muy divertida. Charlie seguía jugando a hacer castillitos de arena y el resto nos sentamos en una manta grande que yo había llevado. Sarah, la madre de los niños, puso su comida para que todos pudieran coger, así que yo hice lo mismo con la de Alannah. Pero cuando Anabel vio el bol de uvas de Alannah, se lanzó a comerse una tras otra. Alannah ya no sabía qué hacer, se cogía el bol y se lo escondía, pero yo le decía "Alannah, sharing is nice" (Alannah, compartir es bueno). Así que dejaba que se siguiera comiendo sus uvas mientras ella hacía pucheros sin querer ni mirar. Pero no pudo aguantar más y empezó a llorar. Sarah le dijo a Anabel que no comiera más uvas, pero yo le dije que no se preocupara, que Charlie tenía otro bol y se lo abrí para ella. En ese momento, Alannah empezó a comerse sus uvas a la velocidad del rayo, al más puro estilo Noche Vieja, con tal de que nadie volviera a picar.

Ya por la tarde, surgió el amor entre Alannah y Alexander. Todo empezó cuando estaban jugando a que había monstruos y que tenían que combatirlos. Pero en una de estas, a Alexander lo mató un monstruo y estaba tumbado en las piernas de Alannah y ella lo acariciaba como su esposo fallecido (sí, así era el juego). Desde aquel momento, el juego sólo se trataba de morirse uno y otro y darse besitos, caricias y abrazos. Teníais que haber visto a Alannah coqueteando. Lo más gracioso era que Charlie, que acababa de incorporarse al juego (se había tirado todo el día jugando a su bola en la arena) no entendía nada y no paraba de incordiarles en su nidito de amor. Pero de verdad que se querían. De hecho, en el camino de vuelta a casa y todo se paraban para darse un abrazo y, de vez en cuando, iban cogidos de la mano y no paraban de preguntarnos si Alannah podía ir a su casa a jugar.

Al final, Alannah se fue a jugar a casa de Alexander y Charlie se quedó en casa. Imaginaos, todos los días llega cansadísimo del parque y sólo estamos dos horas y hace el camino en el carrito. Pues hoy, encima, toda la ida y toda la vuelta ha ido con su scooter. Yo no me lo podía creer. Pero claro, después por la tarde ha salido con Tamsyn y ha llegado dormido en el carrito y, cuando Tamsyn ha ido a despertarlo, ya no había quién lo aguantara en todo lo que ha quedado de día.

Pero en general, todos estaban (estábamos) muy cansados. Ha habido un momento insoportable ya en el que los dos niños estaban llorando sin motivo y Ruairi se ha despertado y ha empezado a llorar también. Lo que destaco de guay de esta noche es que estaba tan tranquila subiendo las escaleras y escucho a Alannah desde el salón cantar "Cae la noche, cae la noche" y bajé y me estaba mirando Tamsyn con cara de extrañada y le dije que era una canción española (la de rompo un huevo en tu cabeza). Después, cuando Tamsyn ha ido a acostar a Charlie, hemos estado jugando a inventarnos canciones (en inglés) y hemos empezado a hacer versiones rockeras y a bailar desaforadamente moviendo nuestras melenas.

Y esto ha sido todo... demasiado para un sólo día... ¡Buenas noches!

miércoles, 11 de julio de 2012

El día de hoy ha sido tan tranquilo, que se puede decir que, prácticamente, no he trabajado. Por supuesto, me levanté a las siete de la mañana para preparar los desayunos a los peques, pero Tamsyn había quedado con Joe para ir con todos los peques al museo (al primero que fui con Charlie), así que tenía la mañana libre. Me fui a mi cuarto a seguir durmiendo, pero después de tres horas (no se fueron hasta las diez) ya me había espabilado y me quedé mirando cosas en el ordenador.

Llegaron cuando estaba empezando a preparar mi almuerzo. Todos menos Alannah, que se había quedado en casa de Isobel y Elliot. Tamsyn me dijo que a Charlie le daría el almuerzo y que luego lo acostaría a dormir siesta, así que tampoco tenía nada que hacer. Volví a irme a mi cuarto (hoy tenía muchas agujetas y hacía muy mal tiempo para salir sola a la calle así porque sí).

Unas dos horas y media después, Tamsyn me dijo que iba a ir a recoger a Alannah, que si podía despertar a Charlie en cinco minutos y llevarlo al parque si hacía bueno. Cuando fui a despertarlo, estaba tan dormidito que no había manera. Medio abría los ojos, hacía un ruidito y se daba la vuelta. Así que lo cogí en brazos y lo llevé dormidito al salón, donde siguió durmiendo acurrucadito conmigo en el sofá. No quería nada, ni chuchues, ni jugar, ni tele... sólo dormir. Y yo, que había tenido todo el día libre y no había pegado ojo, me estaba quedando frita también con él. En una de estas, se despertó y me dijo que quería una chuchue; pero, cuando se la comió, volvió a caer rendido. Al final lo salvó la tele. De todos modos, llovía tanto que el plan del parque estaba descartado por completo.

Con la cena bien. Se ponen muy tareosos y muy juguetones; pero cuando están solos conmigo, consigo que se la terminen toda. Y poco más, los bañé yo y se acabó mi jornada laboral. Pero hoy Hugh llegó temprano del trabajo, así que les dijo a los niños que podían ser ellos esta noche los que contaran la historia. Cogió un montón de disfraces, los puso en la habitación contigua a la de Charlie (la que será de Ruairi) y nos fuimos todos a tendernos el la cama de Charlie.

Primero le tocó a Alannah. El juego consistía en que iban a la habitación y aparecía con un disfraz para relatar la historia. La de Alannah trataba sobre la princesa de los animales; después apareció una bruja misteriosa con una máscara, que se había llevado a la princesa y a su cocodrilo; después vino una calabaza, que la mordimos y nos quedamos todos dormidos en la cama; y por último volvió a venir la princesa y nos dio a cada uno un beso para que despertáramos.

La de Charlie no tenía ni ton ni son, pero nos reímos muchísimo. Primero apareció vestido de mujer misteriosa con una máscara, que se quería llevar al cocodrilo. Después vino con una careta de una bruja feísima, que había hecho una sopa para que nos durmiéramos, luego vino de abeja que nos picaba pero nos curaba con sus cuernecillos, después de calabaza y, por último, apareció con el vestido de princesita.

Y por cierto, mi trabajo como au pair se consagra. Tamsyn me ha dicho que una amiga suya quiere que me quede con sus niños cuando ella no pueda, que me pagaría la hora a 7-8 libras. Así que el miércoles por la tarde tengo mi primera misión como nany de otros niños.

¡Buenas noches a todos! ¡Y feliz cumpleaños tito Juan!

martes, 10 de julio de 2012

Hoy es uno de los días laborales que más cansada llego para escribir el blog. Me levanté, como todos los días, a las siete de la mañana para preparar el desayuno a los niños y no los he podido acostar hasta las nueve. Además, hoy en mi tiempo libre he aprovechado para machacarme un poco en el gimnasio. Así que estoy completamente agotada.

En un principio, el plan para hoy era ir con los niños a la piscina, pero hoy estaría cerrada de once a doce de la mañana, por lo que era una tontería ir justo antes o después. Así que Tamsyn me dijo que Beth (la nany de Romally) iría con las niñas al soft play (un sitio de colchonetas, piscinas de bolas y toboganes), que podía unirme con ella a las nueve.

El autobús tardó más de media hora en llegar. Mientras tanto, los niños iban correteando y pegando chillidos. Cuando por fin llegó, el área de los carritos estaba llena y no nos podíamos subir (Beth llevaba a Arianna), así que a esperar al siguiente. Llegó en menos de cinco minutos (como veis, la frecuencia de los autobuses está muy bien planteada).

El soft play/play center era el mismo al que fui en mis primeras semanas con Tamsyn, cuando yo aún no iba sola con los niños a ninguna parte y ella aún estaba embarazadísima. Alannah iba por su lado con Romally, pasando las dos de Charlie (que de vez en cuando venía contento a darme un abracito). Menos mal que a él le encanta jugar a su rollo. Si hubiera sido al revés, me hubieran tocado llantos toda la mañana.

Después de una hora, les compré a los peques un gingerbread man (una galleta con forma de muñeco, como la de Shrek) y una botella de agua para todos, pero cuando Charlie bebió, me llenó exageradamente toda la botella de mijitas de gingerbread man, así que directa a la basura. El viaje de vuelta fue tranquilo y Beth muy agradable conmigo (dentro de lo que la barrera idiomática nos permitía). Pero hemos hablado que podemos quedar más a menudo para hacer planes con los niños. ¡Incluso me dio un abracito de despedida! (A estas alturas, lo que agradezco cualquier muestra de cariño).

Después del almuerzo, me fui un ratito a descansar a mi cuarto antes de ir al gimnasio. Cuando subía a mi habitación, escuché a Alannah preguntarle a su madre que por qué me iba y ella le dijo que era mi tiempo libre (ya no se quiere despegar de mí ni un segundo).

En el gimnasio he estado alrededor de una hora (ducha incluida). Media hora andando/footing/corriendo en la cinta (lo iba combinando), y unos veinte minutos entre máquinas de brazos y pecho y abdominales. Las abdominales bien, pero de brazos y pecho ando para el arrastre. Me puse lo mínimo (5 kilos a cada brazo) y me hice mi primera sesión de diez, a la segunda sesión ya sólo podía seis veces, cinco veces mal hechas la tercera vez y me rendía. Era triste ver cómo los abuelillos (no había nadie joven) me daban veinte vueltas y media.

A mi regreso, me tocaba baby sitting. Tamsyn estaba con los niños en la oficina de Hugh viendo las vistas de Londres, así que me subí a mi habitación a esperarlos. A las seis no tenía noticias de ellos, así que bajé a cocer la pasta; pero cuando la terminé, aún seguía sin saber nada. Al final, me llamó a las 18:30 para preguntarme si podía recoger a los niños en 15 minutos en la estación de tren, que se les había hecho un poco tarde.Cuando llegaron, Charlie estaba muy cansado y empezó a llorar porque sus padres se iban. Pero en cuanto se fueron, dejó de llorar y volvió a ser el Charlie de siempre.

A todo esto, aunque nunca me detengo a contarlo, los caminos de un sitio a otro no son nada fáciles. Alannah se estaba haciendo pipí y quería correr para llegar a casa pero a la vez le dolía el pie e iba cojeando y pegando grititos; Charlie que va a la velocidad de la tortuga y tengo que ir tirando de él, se paran en todas las casas a coger flores...

La última hora del día no ha sido tan dura. Avisé a Tamsyn y Hugh de que Charlie estaba muy contento, para que se lo pasaran bien sin preocuparse, y dejé a los niños que se tomaran la cena en el sofá viendo la tele (soy muy blandita). Después de la cena, los lavé un poco (a Charlie más a conciencia, tenía los pies que daba pena verlos), le preparé su leche y les leí un cuento. Primero, uno a los dos en la habitación de Charlie y luego uno a Alannah en su cama. Total, que cuando me quise dar cuenta, aún no había ni empezado a preparar mi cena y ya eran las nueve.

Así que buenas noches. Mañana no voy a poder con mi alma.

lunes, 9 de julio de 2012

Esta mañana no me ha sonado el despertador. Me despertó la luz entrando por mi ventana, pero acostumbrada a que amanezca a las cuatro, no le hice ni caso. No sé cómo, pero menos mal que me dio por mirar el móvil para ver cuánto tiempo me quedaba para dormir. Cuando vi que eran las 7:30 pensé "¿hora española?". No, no era hora española, así que me levanté corriendo intentando inventar una excusa en el tiempo de bajar las escaleras. Afortunadamente, nadie se ha dado cuenta. Todos estaban durmiendo menos Charlie (que todos los días me espera abajo a saber desde qué hora) y Hugh, que se estaba duchando.

Como ya os dije ayer, el plan de hoy era ir al Natural History Museum, lo que suponía coger dos trenes y dos metros. La verdad es que estaba un poco asustada porque era la primera vez que me adentraba con los niños en la gran ciudad, pero no ha ido tan mal. Antes de salir de casa fue un poco caótico, porque Tamsyn se levantó con el tiempo justo para ir al médico y yo tuve que estar con los niños, prepararles el almuerzo, la ropa...

El camino hasta el museo se me hizo corto, aunque los niños estaban ya cansados de tanto tren y andar. A Alannah, de hecho, le hacía rozadura el zapato, así que cuando llegamos, antes de entrar, nos sentamos en un banco, se tomaron un aperitivo y le puse a Alannah lo más parecido que tenía a una cremita para sus pies:  vaselina para los labios. Al menos, no seguiría rozándole.

En la entrada había una cola larguísima y ahí sí que se impacientaron un poco más y no paraban de colarse y hacer travesuras. Aunque a la gente parecía darle igual, estaban enamorados de Charlie. Todo el mundo me decía que qué guapo es (es que además, con la prisa, hoy me olvidé de ponerle las gafas).

Lo que más ganas tenían de ver eran los dinosaurios y la ballena gigante. Lo flipaban. Además, Charlie era súper valiente, incluso con el Tiranosaurio Rex gigante que se mueve. Alannah estaba más asustada, así que tuve que confesarle en el oído un secreto que sólo los adultos saben: en realidad, son sólo robots.

Cuando llevábamos una hora en el museo viendo dinosaurios y animalitos de tiesto, empezaron a penosear. Estaban dándole vueltas a un globo terráqueo y empezaron a pelearse. Charlie fue el primero en llorar, pero cuando logré consolarlo, llegó el turno de Alannah. Y, por supuesto, Charlie volvió a desconsolarse. Así que ahí estaba yo, en un museo con dos niños llorando (uno a cada mano) y todo el mundo mirándome. Son esos momentos en los que intentas poner tu mejor cara de "no pasa nada, son sólo rabietas de niños".

Al salir del museo, hicimos otra parada en un banco para que terminaran de tomarse su almuerzo. Charlie no quería comer nada y encima teníamos a una familia demasiado cerca haciéndole halagos a los niños, así que no podía regañarle. Lo intenté con todo y, al final, lo que funcionó fue "Close your eyes and open your mouth" (Abre la boca y cierra los ojos). También Alannah cuando estábamos llegando al Metro se cayó al suelo y se raspó la pierna, así que cogí un poco de agua y se la eché para aliviarle el dolor.

El camino de vuelta a casa se les hizo más corto porque iban comiéndose sus chuches por el camino y comentando las cosas que habíamos visto (Charlie también se tiró algún que otro pedo en el tren). Cuando por fin estábamos en nuestro barrio, justo dio la casualidad de que, al pasar por la puerta de Sainsbury's, vi a Tamsyn comprando, así que la esperamos. Por supuesto, las dos primeras cosas que le contaron fue: "Mummy, I've fell down" (Mami, me he caído); "Mummy, I've cried in the Museum" (Mami, he llorado en el Museo); "Mummy, Charlie hasn't eaten all his sandwiches" (Mami, Charlie no se ha comido todos sus sandwiches). Afortunadamente, ella los conoce mejor que yo.

De camino a casa, Alannah me dijo una de las cosas más bonitas desde que llegué a Londres. Estaban hablando de patatas fritas, así que Tamsyn les preguntó si querían cenar patatas mañana por la noche, que Hugh y ella saldrían a cenar fuera "Mummy, and Ana will put us in ours bed?!" (¡¿Mami y Ana nos meterá en la cama?!); "yes, she will" (sí, ella lo hará); "Yes!!!!! Mumy I love Ana" (¡¡¡¡¡Sí!!!!! Mumi yo quiero quiero a Ana), le dijo mientras salió corriendo a abrazarse a mí.

El resto del día ha sido bastante tranquilo. Mi idea era ir a la piscina o al gimnasio, pero me tendí en la cama a hablar con Damian y, cuando terminé, fui posponiendo el momento de cambiarme de ropa hasta que me quedé dormida. Mañana le he dicho a Tamsyn que me obligue a ir. ¡Ya os cuento!

domingo, 8 de julio de 2012

En esta casa no hay quién duerma. Hoy quería aprovechar para descansar un poco más, pero a las nueve de la mañana ya estaba Tamsyn llamando a los niños a gritos desde la puerta de mi habitación. Y así todos los fines de semana. Hacen pipí y se arreglan en el baño que está puerta con puerta con mi habitación y allí gritan, lloran, juegan, cantan, tocan un silbato... De verdad que no entiendo por qué Tamsyn no los lleva al baño de arriba. Lo único que me ha hecho gracia es que Charlie empezó a cantar Mouk Mouk. Es la canción de unos dibujitos, que desde que una vez se la canté haciéndole tonterías con la piernas, siempre quiere que se la cante y, como no me sé una parte de la letra, digo lalala y ya todos en la casa la cantan así.

No obstante, me tomé con calma lo de levantarme y, entre unas cosas y otras, estaba lista alrededor de las 12:30. Hoy he tocado uno de los límites de la independencia: mi plan era ir al cine. Yo sola. Manon suele hacerlo en los fines de semana que yo no estoy, así que por qué no; de todos modos, me serviría también para poner a prueba mi inglés.

Para ir al cine, tenía que ir a Brixton. Las opciones eran ir media hora andando o montarme en el tren de gratis y, como el tiempo no era el más deseado, elegí la segunda opción. Antes de ir al cine, me pasé por Poundland (una tienda en la que todo vale una Libra) porque tenía ganas de ver qué me ofrecían desde que lo vi el último día cuando iba con Tamsyn (ese día no escribí porque estaban aquí mis padres, pero fue muy divertido, Charlie se me hizo pipí en el suelo del cuarto de baño de un bar y se llenó enterito). Así que he aprovechado para comprar toallitas desmaquillantes (2 paquetes por una Libra), chicles...

El cine me lo esperaba mucho más grande. De hecho, cuando entré, no sabía si me había equivocado y era una tienda o un bar extraños. Resulta que sólo tenía una sala y que iban rotando las películas a lo largo del día. Pero tuve suerte, la que yo quería ver empezaba en diez minutos: Spiderman. Ese tipo de películas nunca suelen gustarme, pero necesitaba una película con argumento sencillo y mucha acción, por si no me enteraba de los diálogos, entender el argumento. Efectivamente, la peli ha sido malísima, pero la he entendido bien. Estoy orgullosa de mí. A menudo, la gente se reía por una broma que yo no me había enterado o había un diálogo en el que me perdía (ah, es que he pegado varias cabezaditas); pero, en general, bastante bien.

Cuando salí del cine, estaba lloviendo a mares, así que me cogí de nuevo el tren. A mi regreso, me puse a limpiar un poco mi habitación y los niños se vinieron a jugar conmigo en mi cama. Primero tirándome toallas y luego a que mi cama era un barco y mi cesta de la ropa sucia el tesoro.

Y poco más. Tamsyn me ha preparado un planning para esta semana en el que, prácticamente, sólo tengo que trabajar por las mañanas. Como se espera que llueva todos los días excepto el jueves, cada día tenemos plan interior diferente. Mañana toca una aventura: el Museo de Historia Natural, para el que tendremos que montarnos en tren y en Metro. Seguro que tengo muchas historias para contaros...